Alimenta correctamente tu cuerpo (III) 🍎🥗

¡Buenos días!

Hoy te traemos por fin la última entrega de los artículos sobre alimentación saludable, por parte de nuestra monitora Mónica. Esperamos que te hayan servido de ayuda para aprender un poco más sobre nutrición y valorar nuestra manera de cuidarnos, especialmente en estos tiempos de emergencia sanitaria.

Recuerda que, si no has leído las partes anteriores, puedes encontrar la primera en este enlace 🔗, y la segunda en éste.

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La Nutrición y la Dietética han tenido un gran auge en los últimos años. Y aunque pensemos que es ahora cuando más importancia se le da, o que es ahora cuando más sabemos acerca del tema, no es del todo cierto.

Si bien en la actualidad disponemos de cientos de tablas de composición de alimentos, muchos estudios e investigaciones sobre el tema, algunos sabios y expertos de hace miles de años ya habían experimentado los beneficios de comer de forma saludable.

Hipócrates, padre de la Medicina, hace 2400 años, ya declaró “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”. En el Bhagavad Gita (uno de los libros clave del yoga), cuya fecha de escritura se cree que es del siglo III a.C., también se menciona cómo los alimentos influyen en las personas. Incluso Thomas Edison afirmó que “El doctor del futuro no tratará el cuerpo humano con drogas, sino que prevendrá las enfermedades con la nutrición.”

Por eso, en mi opinión, la alimentación es un pilar fundamental en nuestras vidas. Porque aún cuando se desconocía el método científico y no existía la tecnología ni los laboratorios, algunas personas “muy despiertas” se dieron cuenta de los efectos que producía cada tipo de alimento en nosotros. No sólo a nivel de salud y energía, sino también en nuestro estado anímico y nuestro comportamiento.

Por ejemplo, está demostrado que tomar alimentos ricos en azúcares (dulces, bollería, golosinas…) hacen que al tener un pico de glucosa tras ingerirlos, nos sintamos llenos de energía y eufóricos; pero en cuanto baja la glucosa en sangre nos sentimos cansados, apáticos e incluso, algo tristes. También son adictivos. Cada vez necesitamos comida más dulce y sabrosa para poder disfrutarla. Y esto hace que nuestra conducta cambie: añadimos más azúcar al café, yogur o bizcocho, más chocolate, sirope etc, recurrimos a dulces procesados (magdalenas, galletas, helados…), o ingerimos una mayor cantidad (en vez de una onza de chocolate, comemos dos;  repetimos de postre, partimos un trozo más grande de tarta etc)

También debemos evitar todos aquellos alimentos que contengan glutamato monosódico y otro tipo de potenciadores de sabor. Suelen encontrarse en snacks, patatas fritas, aperitivos en bolsa, alimentos precocinados, comida asiática, caldos etc. Este compuesto sirve para engañar a nuestro paladar y hacernos creer que ese producto es sabroso, y cada vez querer comer más. Además, en algunas personas también puede producir dolores de cabeza, mareos, taquicardias, debilidad etc. Por eso, cuando abrimos una bolsa de patatas fritas no podemos parar hasta que nos la acabamos.

Estas pequeñas cosas que nos llaman la atención, con las que bromeamos, aunque haya gente que no sea ni consciente de ello, son grandes fuentes de información a las que debemos de estar muy atentos. Son avisos que nos da nuestro cuerpo de que no le estamos dando la comida adecuada.

También podría extrapolarse a observar cómo sentimos nuestro cuerpo después de comer. Por ejemplo, hay mucha gente intolerante a la lactosa o al gluten, o con sensibilidad al café, a los cereales, al azúcar, a la carne, legumbres, frutos secos, marisco…e incluso alergias. Pero si no nos tomamos el tiempo necesario para escuchar nuestro cuerpo, no descubriremos qué es lo que nos pasa y porqué.

Quizás el alimento que mejor me sienta a mí, es el peor que te sienta a ti. Y no es que uno de los dos tenga un defecto o sea imperfecto. Simplemente cada uno es diferente. No hay correctos ni incorrectos en esto. Por eso cada persona debe tener una dieta individualizada y adaptada. Podemos tomar como base de referencia las recomendaciones para la población general, y hacer pequeñas modificaciones para nosotros mismos. Teniendo en cuenta si realizamos algún deporte, de qué tipo y con qué frecuencia; nuestros gustos, nuestras digestiones, nuestro estilo de vida, si padecemos alguna enfermedad etc.

Deseo que tras leer estas líneas, te sientas motivado/a para comenzar a prestar más atención a lo que pones en el plato y qué efectos tiene en ti.

¡Un abrazo!

Mónica V.

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